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Estática.
Todo es estática. Cada sonido en un zumbido, ruido blanco que ahoga cualquier significado en lo que pueda escuchar. Intento agudizar mi oído, pero solo sé que le gente me habla porque veo sus labios moverse frenéticamente, impacientes y molestos porque no entiendo lo que dicen.

Mis ojos son incapaces de enfocar; hay una niebla, densa y pesada, justo encima de mis párpados. La puedo sentir, como si fuera una presencia física que intentara cerrar mis ojos. Tengo sueño todo el tiempo. No hay mayor placer que cerrar los ojos, aunque sea por un momento. Las cosas y la gente pasan a mi alrededor, pero son solo sombras que tengo que descifrar para reconocer.

Todo es gris y borroso, como una tele descompuesta. Mis sentidos se han entorpecido al punto en el que, sin un esfuerzo consciente, todo puede pasarme de largo sin que me percate, como cuando alguien lee un libro y002 llega al final de la página y se da cuenta de no haber entendido nada.

Todo discurso es la mera enunciación de palabras y he descubierto que puedo hacerlo de manera automática, de forma que no necesito poner atención en lo que yo mismo digo, mucho menos en lo que dicen mis interlocutores. Soy una colección de frases preprogramadas que puedo insertar en una conversación, juzgando solamente por el tono con el que me hablan. “Claro”, “Ah, si?”, “Bueno”, “Luego vemos”.Quiero salir de esta niebla. Quiero volver a ver el sol. Necesito abrasarme en sus rayos y sudar y cansarme y perder el aliento. Tengo que ajustarme y afinar mi percepción.

SOUND MIND

Your mind, like a swarm of insects
Your mind, like a swarm of insects

SABEN DE ESE SONIDO, ESE ZUMBIDO AGUDO QUE CREEMOS ESCUCHAR CUANDO TODO LO DEMÁS QUEDA EN SILENCIO? ES UN SONIDO INSISTENTE, IMPLACABLE, INESCAPABLE Y, SIN EMBARGO, IMPERCEPTIBLE CUANDO ESTAMOS RODEADOS DEL BULLICIO INCESANTE DE LA GENTE, EN COMPAÑÍA DE OTRAS PERSONAS O SIMPLEMENTE, PARADOS EN MEDIO DE UNA CALLE TRANSITADA.
YO NO TENGO ESTAS DISTRACCIONES. POR CIRCUNSTANCIAS, AFORTUNADAS O NO TANTO, PROPIAS DE MI VIDA, PASO LARGOS PERIODOS DE TIEMPO EN UN CONFINAMIENTO TOTALMENTE AISLADO.DURANTE ESTOS PROLONGADOS LAPSOS, PRIVADO DE TODA SENSACIÓN, ENCLAUSTRADO EN LA MÁS COMPLETA SOLEDAD Y SUMIDO EN EL MÁS INTENSO SILENCIO, ME HE VISTO FORZADO A CONTEMPLAR LAS ABISMALES PROFUNDIDADES DE ESTE ÚLTIMO.
EN UN PRINCIPIO, COMO USTEDES, APENAS PERCIBÍ ESE ZUMBIDO. PERO ENTRE MÁS SE ADENTRA UNO EN EL SILENCIO, MAS PENETRANTE E INTENSO SE VA VOLVIENDO. NO ES UN CAMBIO QUE SE PUEDA DESCRIBIR. NO SE PUEDE EXPLICAR. SOLO SE PUEDE PERCIBIR. VA SUBIENDO DE INTENSIDAD HASTA VOLVERSE DOLOROSO EN LOS OÍDOS. CRÉANME CUANDO LES DIGO QUE, EN CIERTAS CIRCUNSTANCIAS, LA CORDURA DE UN HOMBRE ES FRÁGIL COMO EL CRISTAL Y, COMO EL CRISTAL MISMO, LA MÍA REVERBERABA Y SE CIMBRABA DE MANERA PELIGROSA BAJO EL EFECTO DE AQUELLA MISTERIOSA VIBRACIÓN. LLEGA UN PUNTO EN EL QUE EL ZUMBIDO LO CUBRE TODO; HASTA LA VISTA SUCUMBE ANTE EL EMBATE SENSORIAL. CON GUSTO ALGUIEN MÁS OSADO QUE YO HUBIERA RECHINADO LOS DIENTES HASTA ASTILLÁRSELOS O SE HUBIERA APLASTADO LA CABEZA CONTRA LAS PAREDES, CON TAL DE ESCAPAR DE EL SILENCIO Y SUS SECUELAS. PERO MI FALTA DE DECISIÓN FUE RECOMPENSADA. MÁS ALLÁ DE LO TOLERABLE, CUANDO EL ZUMBIDO PARECÍA TALADRAR MI CRÁNEO, CUANDO SEGUIR SOPORTANDO PARECÍA IMPOSIBLE Y LA LOCURA ACECHABA TRAS LO QUE QUEDABA DE MI CONCIENCIA, CUANDO MI CABEZA SE SENTÍA COMO UN GLOBO LLENO DE AGUA, BAMBOLEÁNDOSE RIESGOSAMENTE, A PUNTO DE ESTALLAr CON EL MENOS ROCE DE UNA ARISTA DE SONIDO… ALCANCÉ ALGO MÁS.
ALGO EXTRAÑO. ALGO DIFERENTE. ALGO QUE SIEMPRE ESTUVO AHÍ, COMO CODIFICADO EN EL ZUMBIDO QUE, A SU VEZ SE HALLABA OCULTO EN EL SILENCIO, DE LA MISMA MANERA QUE UNA CORTINA ESCONDE UNA  VENTANA, Y UNA VENTANA CONTIENE TODO AQUELLO QUE VEMOS POR ELLA.
OTRA COSA. OTRA ALUCINACIÓN AUDITIVA. SOLO QUE ÉSTA, NO ES YA ZUMBANTE NI ENLOQUECEDORA. MÁS ALLÁ DEL CHIRRIDO AGUDO QUE AMENAZABA MI CORDURA, HALLÉ UN NUEVO SONIDO. ALGO QUE MIS OÍDOS AMARON DESDE EL PRIMER INSTANTE. UN TINTINEO, CRISTALINO, SERENO; ME ATREVO A DECIR QUE CASI ANGELICAL. UN SONIDO APACIBLE QUE SE POSÓ EN MI CORAZÓN Y APLACÓ SU GALOPANTE LATIDO.
AHORA AÑORO EL MOMENTO EN QUE ME PREMIEN CON MI CLAUSTRO AISLADO. AHORA SÉ QUE EL PROPÓITO DE TODAS LAS COSAS TERRIBLES QUE HE COMETIDO Y QUE ME LLEVARON AL ESCRUTINIO DEL SILENCIO FUÉ SIEMPRE MI DESCUBRIMIENTO DE ESE NUEVO Y REPARADOR SONIDO. AHORA ACTÚO, DEPREDO, VICTIMIZO, SABIENDO QUE LA RECOMPENSA DE TODA BRUTALIDAD SERÁ SER DEVUELTO A ESE SILENCIO, A ESE SONIDO, A ESA PAZ.

El Idiota.

le idiot like a bossAntes de que el mundo acabara con él, el Idiota solía ser un idealista apasionado. Sus creencias eran simples, con líneas claras que separaban el bien del mal. Amaba a su prójimo y se afanaba en que éste hallara formas de mejorarse. Amaba y escribía canciones. Disuadía al suicida y animaba al decaído. Y durante un tiempo, todo eso estuvo bien.
Crecer fue muy difícil para el Idiota. No en el sentido de que, de haberle preguntado, él se hubiera quejado de su hogar, su entorno o sus vecinos. Tampoco por haber recibido abusos o tormentos, físicos, emocionales o de otro tipo. No, la dificultad para él siempre fue de un tipo más autoinflingido.
El Idiota temía al cambio. Podía lidiar con el tipo lento y gradual, pero la transformación pronta y no anunciada siempre le parecía traumática. Su primera vez para cualquier cosa siempre fue intempestiva. Y la culminación de todo asunto en su vida le resultaba invariablemente catastrófica.
Imperceptiblemente, todos estos cambios causaron en él uno mayor. Comenzó a ver las cosas de una forma distinta. No porque las cosas fueran diferentes, desde luego. El que había cambiado era él. Ante sus ojos aparecieron, en un infinito y sobrecogedor espectro, los tonos de gris.
Durante algún tiempo, se encolerizaba consigo mismo. “Porque a los tibios”, decía el Idiota, “los vomitaré de mi boca”. Pero jamás logró dar marcha atrás. Por mucho que temiera o aborreciera al cambio, no podía rehusarlo.
Ahora veía la inevitabilidad del cambio de las estaciones. El bien mayor logrado con la muerte de un hombre bueno, logró justificarlo. La rotunda insignificancia de una amistad perdida, de un corazón roto o de una confianza traicionada se volvió evidente en el enorme esquema cósmico y el Loco dejó de flagelarse por cosas que en otro tiempo le hubiera hecho clamar por sangre.
Aún hoy, el Idiota quisiera –y, en veces, sigue teniendo– pasión en su vida. Posiblemente, sea una necesidad. Pero la falta de ella, él ya no la percibe como un mal insoportable. Para él es solo un leve efecto secundario de otra cosa. El Idiota de antaño –el idealista, el apasionado– ha muerto de vergüenza.