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SOUND MIND

Your mind, like a swarm of insects
Your mind, like a swarm of insects

SABEN DE ESE SONIDO, ESE ZUMBIDO AGUDO QUE CREEMOS ESCUCHAR CUANDO TODO LO DEMÁS QUEDA EN SILENCIO? ES UN SONIDO INSISTENTE, IMPLACABLE, INESCAPABLE Y, SIN EMBARGO, IMPERCEPTIBLE CUANDO ESTAMOS RODEADOS DEL BULLICIO INCESANTE DE LA GENTE, EN COMPAÑÍA DE OTRAS PERSONAS O SIMPLEMENTE, PARADOS EN MEDIO DE UNA CALLE TRANSITADA.
YO NO TENGO ESTAS DISTRACCIONES. POR CIRCUNSTANCIAS, AFORTUNADAS O NO TANTO, PROPIAS DE MI VIDA, PASO LARGOS PERIODOS DE TIEMPO EN UN CONFINAMIENTO TOTALMENTE AISLADO.DURANTE ESTOS PROLONGADOS LAPSOS, PRIVADO DE TODA SENSACIÓN, ENCLAUSTRADO EN LA MÁS COMPLETA SOLEDAD Y SUMIDO EN EL MÁS INTENSO SILENCIO, ME HE VISTO FORZADO A CONTEMPLAR LAS ABISMALES PROFUNDIDADES DE ESTE ÚLTIMO.
EN UN PRINCIPIO, COMO USTEDES, APENAS PERCIBÍ ESE ZUMBIDO. PERO ENTRE MÁS SE ADENTRA UNO EN EL SILENCIO, MAS PENETRANTE E INTENSO SE VA VOLVIENDO. NO ES UN CAMBIO QUE SE PUEDA DESCRIBIR. NO SE PUEDE EXPLICAR. SOLO SE PUEDE PERCIBIR. VA SUBIENDO DE INTENSIDAD HASTA VOLVERSE DOLOROSO EN LOS OÍDOS. CRÉANME CUANDO LES DIGO QUE, EN CIERTAS CIRCUNSTANCIAS, LA CORDURA DE UN HOMBRE ES FRÁGIL COMO EL CRISTAL Y, COMO EL CRISTAL MISMO, LA MÍA REVERBERABA Y SE CIMBRABA DE MANERA PELIGROSA BAJO EL EFECTO DE AQUELLA MISTERIOSA VIBRACIÓN. LLEGA UN PUNTO EN EL QUE EL ZUMBIDO LO CUBRE TODO; HASTA LA VISTA SUCUMBE ANTE EL EMBATE SENSORIAL. CON GUSTO ALGUIEN MÁS OSADO QUE YO HUBIERA RECHINADO LOS DIENTES HASTA ASTILLÁRSELOS O SE HUBIERA APLASTADO LA CABEZA CONTRA LAS PAREDES, CON TAL DE ESCAPAR DE EL SILENCIO Y SUS SECUELAS. PERO MI FALTA DE DECISIÓN FUE RECOMPENSADA. MÁS ALLÁ DE LO TOLERABLE, CUANDO EL ZUMBIDO PARECÍA TALADRAR MI CRÁNEO, CUANDO SEGUIR SOPORTANDO PARECÍA IMPOSIBLE Y LA LOCURA ACECHABA TRAS LO QUE QUEDABA DE MI CONCIENCIA, CUANDO MI CABEZA SE SENTÍA COMO UN GLOBO LLENO DE AGUA, BAMBOLEÁNDOSE RIESGOSAMENTE, A PUNTO DE ESTALLAr CON EL MENOS ROCE DE UNA ARISTA DE SONIDO… ALCANCÉ ALGO MÁS.
ALGO EXTRAÑO. ALGO DIFERENTE. ALGO QUE SIEMPRE ESTUVO AHÍ, COMO CODIFICADO EN EL ZUMBIDO QUE, A SU VEZ SE HALLABA OCULTO EN EL SILENCIO, DE LA MISMA MANERA QUE UNA CORTINA ESCONDE UNA  VENTANA, Y UNA VENTANA CONTIENE TODO AQUELLO QUE VEMOS POR ELLA.
OTRA COSA. OTRA ALUCINACIÓN AUDITIVA. SOLO QUE ÉSTA, NO ES YA ZUMBANTE NI ENLOQUECEDORA. MÁS ALLÁ DEL CHIRRIDO AGUDO QUE AMENAZABA MI CORDURA, HALLÉ UN NUEVO SONIDO. ALGO QUE MIS OÍDOS AMARON DESDE EL PRIMER INSTANTE. UN TINTINEO, CRISTALINO, SERENO; ME ATREVO A DECIR QUE CASI ANGELICAL. UN SONIDO APACIBLE QUE SE POSÓ EN MI CORAZÓN Y APLACÓ SU GALOPANTE LATIDO.
AHORA AÑORO EL MOMENTO EN QUE ME PREMIEN CON MI CLAUSTRO AISLADO. AHORA SÉ QUE EL PROPÓITO DE TODAS LAS COSAS TERRIBLES QUE HE COMETIDO Y QUE ME LLEVARON AL ESCRUTINIO DEL SILENCIO FUÉ SIEMPRE MI DESCUBRIMIENTO DE ESE NUEVO Y REPARADOR SONIDO. AHORA ACTÚO, DEPREDO, VICTIMIZO, SABIENDO QUE LA RECOMPENSA DE TODA BRUTALIDAD SERÁ SER DEVUELTO A ESE SILENCIO, A ESE SONIDO, A ESA PAZ.

Una menos..!

Aún antes de nacer, Mónica fué una desilusión. Sus padres no esperaban otro hijo, y, al ser informados del embarazo, supusieron que el menor de los males sería tener un segundo varón.
Mónica nació, y eso, a duras penas. Escasa en meses y baja en peso, su supervivencia fue casi una sorpresa. Sus padres finjieron alivio y hasta felicidad.
Durante sus primeros años, Mónica se mostró curiosa y vivaz. Sus amistades fueron pocas, pero constantes. Era una criatura visceral, de llanto y risa fáciles. La música la llenaba de una calma y una paz que nunca había sentido ni sentiría en su vida.
Su hermano mayor, quien la amaba por sobre todo, le regaló sus primeros instrumentos musicales. Primero, claro, una guitarra. Mas tarde, una batería. Su padre odió este último regalo. Porqué no podía ella, por lo menos, no hacer ruido? El talento de Mónica fué tan solo otro desaire.
Mónica nunca tuvo un novio. Le llamaban la atención los chicos y ella ciertamente les llamaba la atención. Pero, a pesar de sus agradables formas, de los pigmentos poco comunes de sus ojos y sus cabellos, jamás pudo dejar de ser un bicho raro. El contacto humano le resultó demasiado complicado. Demasiado tormentoso. Mónica era de gustos simples. Quería ser complacida y complacer a quién lo hiciera. Pero la simpleza de sus objetivos solo le produjo mala fama.
Sin darle demasiada importancia, se refugió en su música. Ya para entonces, era reconocida en ese ámbito.
Tenía diecinueve años cuando su madre le dijo que la odiaba. Que siempre la había odiado. El mismo cuento de siempre: le había robado su belleza; le había robado su figura; deseaba que nunca hubiera nacido.
Esa noche, Mónica la pasó en la calle. Caminó y caminó, hasta cansarse. En la madrugada hizo amigos con los indigentes y borrachos, quienes le sugirieron volver a su casa.
Una casa, le dijeron, no se desprecia, así esté llena de dolor.
Mónica volvió a su casa por la mañana. Sus padres no le pusieron atención. Lloró en el hombro de su hermano, a medias despierto y este la consoló en la manera torpe en que los hermanos mayores consolamos a nuestras hermanas.
Cual era su culpa? Qué era aquello tan terrible que había hecho ella para ganarse el desprecio de su padre y el odio de su madre? Por qué todos pensamos, antes que nada, en culparnos?
Su hermano le dijo que, a veces, las cosas, sencillamente, son. Para él, esa sencilla explicación siempre había sido suficiente, pero Mónica no pudo conformarse con ella.
Mónica pasó casi seis meses sin hablar más que lo absolutamente indispensable con sus padres. Ellos la evitaban, como siempre lo habían hecho y ella los evitaba, como ellos siempre habían querido. Mónica empezó a coleccionar cicatrices en sus muñecas y en sus muslos. Sus amigos intentaban darle aliento y presentarle opciones y posibilidades. Mónica cerraba los ojos y tocaba. O se cortaba. A veces escribía canciones que nadie leería.
Mónica tenía casi veinte años cuando tomó la decisión. Pasó un par de días eligiendo el método que usaría y, finalmente, se decidió por el que ya conocía y practicaba. Salió a caminar en la noche. Volvió en la madrugada. Despertó a su hermano y lloró en su hombro. Le preguntó el porqué de las cosas y él le dio la misma respuesta estúpida e inevitable. Entró al baño. Se abrió las venas con una navaja de rasurar. Se sentó en el inodoro a esperar. Sangró.
No tengo idea de cuales habrán sido sus últimos pensamientos. Me la imagino sentada, sonriendo porque, cada vez que yo la vi, ella estaba sonriendo, posiblemente, tarareando una canción mientras los ojos se le llenaban de sueño, porque eso era lo que ella hacía cuando se estaba quedando dormida. No me imagino lo que pasaba por la mente en el momento en el que una persona decide matarse.
Su hermano no lloró. No sé cual habrá sido su reacción ante la muerte de su hermana pero, al menos en mi presencia, no lo vi llorar. Sus padres lloraron mucho. No sé qué tan real habrá sido su dolor.
No fui a velar a Mónica. Le tengo fobia a los funerales. Por lo que tengo entendido, no mucha gente fue. El único cariño constante en la vida de Mónica fue su hermano.

Esta historia no tiene moraleja. No hay nada que aprender de la corta vida de Mónica. Nada de lo arriba narrado repercutirá en la vida de quienes lo lean, como no lo hizo en las vidas de quienes la conocimos. Lo único que se puede deducir de ésto es que la vida es caótica y azarosa. El universo es injusto y no existe el equilibrio. Hay cosas terribles que le ocurren a personas buenas y hay gente -en el más generoso sentido de la palabra- horrorosa cuyas nefastas acciones jamás son ajusticiadas. No nos queda, a los que quedamos, más opción que esperar lo mejor, preparándonos para lo peor y sabiendo que nuestra esperanza bien puede ser en vano.

… cay de mun…

váyanse haciendo a la idea de ver muchas loqueras similares a esta.

Santos y buenos días.
Bienvenidos a este, mi primer intento en escribir un blog desde el siglo pasado. Me gustaría poder irles dando un avance, decirles de qué se va a tratar y qué pueden esperar de este proyecto. Tristemente, la planeación no es lo mío. Iré publicando lo que me venga a la mente; iré escribiendo según me inspire. La temática variará, porque quiero abarcar de todo.
No sé si presentarme. Soy pésimo para hacerlo y seguramente quien lea esto ya sabe lo suficiente de mí. En cualquier caso, prefiero que mis publicaciones futuras hablen de mí; que mis preferencias se reflejen en mis opiniones. Hablar de uno mismo es un inevitable alto de modestia o egolatría y prefiero empezar evitando ese tipo de conflictos. Ya mi megalomanía se irá haciendo aparente en un futuro.
Sin más por el momento, los dejo.  Los invitaría a comentar, pero no hay mucho que decir de una bienvenida y no estoy seguro que la sección de comentarios funcione. En todo caso, gracias por leer.